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Paralelo al desayuno en Sandycove se sirve uno frente al James Joyce Center, al norte de la ciudad. En el Ulises, Bloom malicia que en los barriles de la cervecería Guiness nadan las ratas. Hoy, la cervecería más grande del mundo (según el libro Guinness de los records) auspicia eldesayuno Zapatillas de Futbol Sala  honor a Bloom. Auspicia toda la ciudad, prácticamente. Mientras los hambrientos hacen cola para recibir su sandwich de mejor no preguntar qué, los actores contratados representan escenas del Ulises. Dentro del Center, donde vuelve a haber libros, manuscritos, fotos y objetos, algunos notables hablan de Joyce y su obra. La estrella de la jornada es su sobrino: “Mi madre y mis tías, las hermanas de James, no querían que nadie se enterara de quiénes éramos. Nunca digas que Joyce es tu tío, me suplicaban”. Por su anticlericalismo y su lenguaje soez, el Ulises fue prohibido en su momento. Aún hoy, según los dublineses entrevistados, ni ése ni los otros libros de Joyce se estudian en las escuelas.
A la vuelta del JJ Center (a la vuelta de cualquier lugar de Dublín, en rigor) hay un Bookmaker, que no es una editorial sino una casa de apuestas. Las carreras de caballos son importantes en el Ulises, por lo que apostar es parte de la etiqueta. Aunque hoy no corre el Throwaway (la involuntaria fija que da Bloom en el Ulises), dos caballos piden a relinchos un leer aqui: Joyce Choice y Ulysses. Mientras le ponemos un euro simbólico a cada uno, desde los televisores se anuncia que por ser el Bloomsday 100, la empresa devolverá el dinero si sale segundo cualquier caballo irlandés de los que corren hoy en el premio inglés de Ascot. Es una fija: un euro, pues, para el irlandés Damson.

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El libro de los libros
El próximo evento de importancia es Messenger Bike Rally. Decenas de antiguas bicicletas con sus conductores debidamente ataviados se pasean por la ciudad para encanto de los turistas y estupefacción de los dublineses. En efecto, fuera de los polos de atracción joyceana donde los fanáticos de encuentran una y otra vez, las damas emperifolladas y los señores de sombrero son observados como extraterrestres. Hoy es un miércoles igual que cualquier otro en la ciudad, pocos saben que además de eso es Bloomsday. Eso no significa que no conozcan a Joyce. “Aquel”, señala un barrendero hacia donde está la estatua de Joyce, “era un genio”. Declara y confiesa después que jamás lo leyó. “Como Wilde, como Yeats. Y nosotros necesitamos genios.”

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